Un trébol de cuatro hojas
Cuando era pequeña me hablaron de esa superstición que dice que el que encuentre un trébol de cuatro hojas tendrá buena suerte. Yo entonces pensé que la suerte sería la que se necesita para encontrarlo más que la que el trébol pudiera proporcionar, pero ése no es el caso. Cogiendo cierta obsesión con esta historia, como le podría haber ocurrido a cualquier niño de esa edad, y aprovechando que por aquel entonces iba a diario con mis padres a la finca, me decidí a encontrar un trébol de cuatro hojas a toda costa. Varios días estuve buscando y buscando, mirando la maraña de pequeños tréboles uno a uno, procurando cambiar cada día de zona para intentar analizar el máximo número posible de plantas. Finalmente, al cabo de no tantos días, ahí estaba, lo había conseguido, encontré un trébol de cuatro hojas que estuvo en mi haber hasta varios años después.
No sé si el trébol me dio buena suerte o no, y tampoco creo que eso tenga importancia, lo cierto es que la inocencia de mi niñez hizo que consiguiera encontrar algo que cualquiera no se molestaría en buscar por considerarlo, cuando menos, poco probable.
La moraleja que siempre he sacado de esta historia es que la fortuna no llega, hay que salir a buscarla, porque con el empeño suficiente puedes cambiar tu suerte.

